Ann Gonzlez

Sillas de ruedas a la medida y pensión permanente para perros y gatos con problemas de movilidad son una realidad con esta iniciativa sin fines de lucro Héctor Antolínez.- En las afueras de Charallave, dentro de una vivienda de un conjunto residencial, se encuentra la sede principal de Proyecto #Nala, un emprendimiento sin fines de lucro que tiene entre sus muchos objetivos el rescate de los animales con discapacidad que han sido abandonados. El proyecto está dirigido por Ann González, antigua peluquera canina que, tras unos eventos personales se vio obligada a delegar funciones en la peluquería y pasar cada vez más tiempo en su casa. Eventualmente, la necesidad de generar ingresos llevó a Ann a adoptar la idea de una pensión canina. Con el paso del tiempo, la pensión de Ann empezó a ser solicitada por rescatistas de mascotas que poco a poco la involucraron en el mundo de los rescates animales. Fue a partir de ese momento que el proyecto comenzó a nacer. “Yo estoy con esto desde hace unos cuatro años”, señaló González, que explicó el origen del nombre del proyecto: “Todo comenzó con Nala, ella es una perrita que, como desarrolló una miasis (enfermedad parasitaria ocasionada por larvas de insectos en los tejidos), la echaron a la calle y, como era de esperarse, aquello se infectó y se volvió un desastre hasta el punto de tener que amputarle una pata”. Pese a lo grave de la situación de Nala, que la llevó a estar al borde la muerte en varias oportunidades, la dedicación y el cuidado de Ann logró que la historia tuviera un final feliz. Hoy en día, Nala tiene una vida normal a pesar de no tener una de sus patas traseras, hecho que causa sorpresa a más de uno cuando la ven corriendo. Nala apenas fue el comienzo del proyecto que cada día suma más casos, cada uno con su particularidad, desde aquellos que son resultado del abandono y maltrato humano, hasta los que tienen condiciones especiales desde su nacimiento. Por ejemplo Catire, un perro que nació sin patas delanteras, condición que no le ha impedido disfrutar de su vida. Caminando sobre sus patas traseras, él se aproxima con buen humor a saludar a personas que no conoce, siempre con el mismo objetivo en mente: engancharlos para jugar con una pelotita, esperando que se la lancen para él devolverla o atraparla con el hocico. Sin lugar a dudas, algo muy distinto a lo que la mayoría de la gente pensaría al verlo. Nala y Catire tienen algo en común: ambos pueden desplazarse por sus propios medios, una suerte que no todos los animales rescatados por Ann tienen. Tal es el caso de Ruffo, un bulldog que, al nacer con espina bífida, fue abandonado por no tener movilidad en las patas traseras. Dada su condición, fue necesario conseguirle un carrito, o silla de ruedas, para que pudiera desplazarse con comodidad. Así como Ruffo, hay otros perros bajo el cuidado de Ann que necesitaban la variante de silla de ruedas para poder moverse. Esto en principio supuso un problema que González tuvo que solucionar, tanto para los animales bajo su cuidado, como para otros fuera de Proyecto #Nala. “El carrito de Ruffo es americano (estadounidense), mientras que otros acá son colombianos, hechos por el señor Hugo Delgado. Yo eventualmente lo que hice fue unir ambos modelos para lograr mi propia línea”, indicó Ann. Fue así como comenzó a realizar sus propios diseños sin ayuda de nadie, creando los carritos desde cero en su taller; un trabajo que requiere todo tipo de labores que van desde la medición de los animales (tarea que sólo se debe hacer después de que el perro tiene 8 meses de edad), hasta soldar las piezas de metal para darle forma. Sin embargo, lo más complicado, explica la guardiana, es conseguir las ruedas, ya que “no todas se adaptan a las necesidades de los animales. Unas, como las de los coches de bebés y de bicicletas, son geniales, mientras que otras como las de sillas y escritorios son inútiles”, explicó. No a la eutanasia por discapacidad El proyecto no sólo busca rescatar animales, sino también prevenir el abandono al recordarle a las personas que quien decide tener una mascota también asume responsabilidades con ella. Muchos dueños asumen, erróneamente, que la esterilización es una intervención innecesaria y cruel, pero nada más alejado de la realidad: no sólo alarga la vida de los animales, sino que también evita la procreación no planificada, con cruces de razas que dan como resultado ejemplares no deseables, lo que sella el destino de esos cachorros mestizos: la calle. Pero no sólo ellos son rechazados. “Ruffo, por ejemplo, representa el animal de lujo que, por su situación, lo hubiesen puesto a dormir, como hacen con los perros que sufren de este tipo de problemas. Al final, él representa el mensaje de que a los animales no hay que usarlos como prendas para vestir y después botarlos”, expresó González. El trato que las personas dan a los animales fue criticado por parte de esta voluntaria, quien señaló que las mascotas dejan de ser seres vivos ante los ojos de sus dueños y pasan a convertirse en mercancía para la ganancia económica. “Es pésimo el trato que se les da, por ejemplo, a las perras. Se las tiene como máquinas produciendo cachorros para después venderlos”, señaló. González también hizo hincapié en la necesidad de cambiar la idea generalizada sobre la discapacidad como condición que desvaloriza al animal: “Todos somos superiores a otros en unas cosas e inferiores en otras, puede que, por ejemplo, yo sepa montar moto y tú no, y puede que tú domines el inglés y yo no. Al final es un tema de comprensión y aceptación de los demás”. Un plan de negocio viable En Venezuela, no son pocas las iniciativas que tienen como objetivo el rescate de animales. Sin embargo, no todos los proyectos están planificados de manera efectiva, por lo que González apuesta a ofrecer el sistema que ha desarrollado para abrir franquicias que sean, no sólo organizadas, sino también autosustentables. También explicó que en un futuro le gustaría recibir accionistas para poder ejecutar un proyecto a mayor escala: un posible parque temático en un terreno amplio, con una estructura física que sirva para que la gente comprenda que “la verdadera discapacidad es la incapacidad para comprender que todos tenemos capacidades diferentes”. Por lo pronto, Proyecto #Nala recibe donaciones (incluyendo ruedas para los carritos especiales) a través de su página en Facebook . Foto: Marco Bello

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